La vuelta al cole no siempre se vive con ilusión

Publicado el 20 de septiembre de 2026, 19:34

Septiembre suele venir acompañado de mochilas nuevas, horarios, reencuentros, fotos del primer día y mensajes sobre lo bonito que es volver a empezar. Pero no todos los niños viven la vuelta al cole con la misma ilusión.

Y en algunas familias con niñas y niños con altas capacidades estas primeras semanas pueden venir acompañadas de cansancio, frustración, aburrimiento, irritabilidad o una sensación de saturación que no siempre resulta fácil interpretar.

No significa que esto ocurra en todas las personas con altas capacidades. Ni todo malestar relacionado con el colegio tiene que explicarse por las AACC.Merece la pena mirar un poco más allá.

Volver al cole también significa volver a adaptarse

Después del verano cambia prácticamente todo de golpe. Hay que volver a levantarse temprano, seguir horarios, pasar muchas horas rodeado de personas, atender, esperar turnos, controlar impulsos, cambiar de actividad cuando toca, convivir con ruido, adaptarse a normas y recuperar unas rutinas que durante semanas fueron diferentes.

A eso se suma la parte académica. El principio de curso suele traer repasos, explicaciones de contenidos conocidos y actividades destinadas a comprobar qué recuerda el alumnado.

Para algunos niños esto resulta necesario. Para otros significa volver a escuchar algo que sienten que ya saben, repetir ejercicios que dominan o encontrarse otra vez con la sensación de: “¿por qué tengo que hacer esto si ya lo sé?”

Y sí, aburrirse también cansa.

En nuestra casa, la vuelta al cole cumplió con todas nuestras expectativas 😅

Llantos algún día previo, alguna perreta al salir, demasiada intensidad al volver a casa, malas contestaciones, alguna falta de disciplina... (¿Más de uno estáis leyendo y asintiendo con la cabeza, verdad?)

El discurso recurrente de “no quiero ir al cole”, tanto la noche anterior como por la mañana durante el desayuno.

En resumen: falta de ilusión y cero ganas de hablar del colegio cuando salíamos de él.

Vamos, que todo dentro de lo esperado. 😅

La verdad es que ya no nos pilló por sorpresa. La experiencia va siendo un grado.

Así que esta vez no intentamos convertir cada tarde en un interrogatorio, solucionar inmediatamente cada emoción ni interpretar cada mala contestación como un problema nuevo. Fuimos fluyendo un poco con lo que tocaba.

A veces tocó dejar que la intensidad bajase.

Otras veces buscar alguna herramienta para gestionarla mejor.

Y otras, simplemente asumir que durante unos días todos necesitábamos un poquito más de paciencia para conseguir que la vuelta a la rutina fuese lo menos traumática posible para toda la familia.

Porque volver al colegio también significa volver a lidiar, día tras día, con la obligación de pasar muchas horas seguidas en un lugar en el que no siempre somos felices ni estamos cómodos.

 

A veces llegan a casa y todo explota.

Quizá durante la jornada escolar aparentemente no pasó nada. Pero si llega a casa y no quiere hablar. se enfada por una tontería, llora, contesta mal, no quiere comer, se encierra en su habitación o parece que cualquier cosa que le pedimos es la gota que colma el vaso... algo pasa. Quizá es muy fácil pensar:

“Desde que empezó el colegio está insoportable”.

Pero quizá el planteamiento debería ser desde la empatía, con la pregunta: ¿Cuánto esfuerzo hizo durante todo el día para llegar hasta aquí?

Hay niñas y niños que pasan muchas horas adaptándose, esperando, conteniéndose, siguiendo ritmos que no siempre son los suyos, soportando ruido, atendiendo cuando ya desconectaron mentalmente o intentando encajar.

Y cuando llegan a casa, que precisamente es el espacio en el que se sienten seguros, sueltan.

A veces todo de golpe. Eso no significa que cualquier conducta sea válida. Estar saturado no da permiso para faltar al respeto, pegar o saltarse todos los límites. Pero entender de dónde puede venir esa conducta cambia bastante la forma en la que la acompañamos.

Es totalmente comprensible que los adultos tengamos ganas de saber y desde la buena intención empezamos un bombardeo de preguntas saturador:

“¿Qué tal?” “¿Qué hiciste?” “¿Con quién jugaste?”

“¿Qué os dijo la profe?” “¿Ya empezasteis matemáticas?”

“¿Qué comiste en el comedor?”

Y quizá ese niño lleva seis horas escuchando voces, procesando información, respondiendo preguntas, siguiendo instrucciones y relacionándose con otras personas.

Lo más probable es que en ese momento necesite otra cosa: Merendar, caminar, jugar, moverse, estar en silencio, escuchar música, hablar de fútbol, del espacio, de los agujeros negros, de los cerezos en flor o de cualquier cosa que no sea el cole.

Es necesario dejar espacio para que pueda volver a estar disponible.

Ya nos contará.

O no.

Y quizá si no lo hace esa tarde tampoco pasa nada. Podemos seguir atentos desde la observación.

Observar antes de interpretar.

Las primeras semanas de curso pueden darnos mucha información si miramos un poquito más allá de “va contento” o “no quiere ir”. Podemos observar si llega especialmente agotado, si duerme peor, si aumentan los conflictos al volver a casa, si aparecen dolores o molestias recurrentes, si habla continuamente de aburrimiento o repetición, si necesita mucho tiempo para recuperarse después del colegio o si cambia radicalmente cuando aparece una actividad que realmente despierta su interés.

Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que exista un problema.

Tampoco son exclusivas de las altas capacidades.

Pero juntas pueden ayudarnos a comprender cómo está viviendo realmente ese niño o esa niña la vuelta al colegio.

Y a veces esa información resulta mucho más útil que insistir en que “ya se acostumbrará”.

No todas las vueltas al cole son felices ni todos muestran ilusión por libretas y libros nuevos. Quizá durante estas primeras semanas lo más útil sea bajar un poco el ruido, observar, escuchar cuando quieran hablar y recordar que adaptarse consume energía.

Y si vemos que algo se mantiene, nos preocupa o simplemente no sabemos muy bien cómo interpretarlo, podemos empezar por una pregunta mucho más útil que “¿por qué se porta así?”:

¿Qué está necesitando y todavía no sabemos ver?

Porque muchas veces acompañar empieza justo ahí. 💛

Vivir con Intensidad también puede acompañaros en la vuelta al cole.

En Vivir con Intensidad ofrecemos orientación y tutorías educativas para familias que necesitan poner un poco de orden a situaciones relacionadas con las altas capacidades, el colegio y el día a día.

No hacemos diagnóstico ni terapia, ni tenemos respuestas mágicas para cada situación.

Pero sí podemos sentarnos, mirar juntas qué está ocurriendo, entender mejor determinadas conductas y pensar qué herramientas o pasos pueden tener sentido para vuestra familia.

La vuelta al cole es el comienzo de una carrera de fondo... es importante poner todas las herramientas al alcance para hacer que el curso que empieza no se haga cuesta arriba desde septiembre.

Porque a veces no necesitamos una solución inmediata, necesitamos entender mejor qué tenemos delante para poder acompañar y ayudar de la mejor manera. 💛