¡Enhorabuena familias! Ya pusimos el broche final al segundo trimestre y estamos inmersos de lleno en la Semana Santa. Pero vacaciones escolares no es igual a relax para toda la familia, ¿verdad? Muchas veces ni siquiera es sinónimo de desconexión, bajada de revoluciones o tiempo de calma.
Sí que nos quitamos los madrugones, los agobios desde primera hora de la mañana, las prisas para cumplir todos los horarios de actividades, los desayunos interminables o los “odio el cole”… Pero eh, que aquí no se emocione nadie que esto es solo por unos días, tampoco vamos a venirnos arriba y acostumbrarnos que sino a la vuelta sufriremos el doble. Además, por suerte para nosotros y para que nadie se relaje, la intensidad no entiende de periodos no lectivos.
La alternativa que todos escogemos si se puede es irnos a pasar estos poquitos días festivos en un entorno diferente al habitual, para relajar la mente, oxigenarnos, darnos un merecido descanso y así poder coger el final de curso con fuerza.
Que sí, que sí, que la teoría está muy bien, pero eso no comulga con nuestra forma de ser. Y ojo, no es que no nos guste disfrutar del tiempo libre, ¡faltaría más! Pero esa intensidad se torna casi irregulable cuando nos asomamos al balcón de las vacaciones. Si algunos pensabais en que estos días al quitarse todo ese estrés asociado a la rutina laboral y escolar vendría la paz, aquí va un spoiler: no. En el mágico mundo de las Altas Capacidades no hay tregua. Para grandes y pequeños con sobreexcitabilidades pueden ser una auténtica aventura los aspectos aparentemente más sencillos de las vacaciones.
¿Cómo olerá el hotel? ¿Tendrán un tacto agradable las sábanas? ¿Estará bien desinfectado el baño? ¿Encontraremos comida que no pique demasiado? ¿Habrá mucho ruido?
La odisea de las nuevas actividades, los horarios relajados o un entorno y clima diferentes, pueden ser un caos que ponga nuestro sistema nervioso en alerta 24/7 (sí, más aún) y que haga que el relax pase a ser una utopía.
No nos gusta la incertidumbre, no somos amigos de improvisar y gran parte de nuestra seguridad pasa por sentir que tenemos todo bajo control, cosa IMPOSIBLE. Algo evidente que en mis mil años de paciente en psicología y psiquiatría llevan intentándome explicar y hacer entender y, como para muchas otras cosas, solo me sé bien en la teoría. En la práctica esa controladora nata que llevo dentro sigue queriendo hacer checklist para todo (lista de cosas que llevar, que dejar hechas, que revisar al llegar, que traer de vuelta, que hacer durante el viaje…).
Estar más tranquila pasa por tener toooooodo bajo control, analizando hasta el más mínimo detalle, pensando en los 27861746 por si acasos y situaciones que se pueden dar para no darle al azar ningún minuto de juego.
Sobra decir que la controladora siempre pierde, que no podemos en realidad “controlar” nada y que en la vida HAY QUE dejarse llevar. (Otra sentencia super guapa que los psicos quieren que llevemos a la práctica pero, al menos yo, ¡no doy hecho!).
Los sobreexcitables, que vivimos apasionadamente siempre, pasamos estas fechas que son para muchos de un fervor especial también a tope. Porque hay mucho que sentir, que ver, que oler, que analizar… porque tenemos la suerte (y no cabe verlo de otro modo) de que esa intensidad nunca pille semanas libres.
Que no os pueda el desánimo, intentemos buscar el humor en todas esas situaciones que no harán más que llenar nuestras vacaciones de anécdotas y momentos de los que reírnos después. Siempre tendremos oportunidad de superar un miedo, de descubrir una nueva textura que no soportamos, de investigar el origen de un ruido extraño o de probar un sabor que no seremos capaces de olvidar jamás.
Veamos estos días de vacaciones como una oportunidad de explorar nuestras capacidades, dejémonos ser raros y deseémosle mucha paciencia a los mortales que compartan el tiempo con nosotros (no habrá paz para ellos tampoco, pero prometemos risas y situaciones insólitas).
Y si toda esta verborrea no os anima, si os venís abajo y empezáis a echar de menos los niveles de incertidumbre controladinos, los horarios de comidas bien pautadas o el olor de vuestra almohada de casa…. ¡Aguantad, valientes! ¡Que una semanina pasa muy rápido! 😉
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